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9/10/14

Traer a la mesa negociadora a los isleños

Propuesta para recuperar las Islas Malvinas: la confrontación-inteligente.

Los argentinos sentimos y aparentemente tenemos argumentos para merecer la soberanía de las islas, pero los estados no tienen lo que se merecen sino aquello que negocian o usurpan. ¿Hay maneras distintas de pensar “esta” mesa negociadora? Este artículo propone una nueva forma de comprender la mesa y de sentarnos en ella.

Durante los acuerdos de cooperación alcanzados con el Gobierno Británico en la década del noventa y en algún sentido, en los últimos años, haciendo presente nuestros reclamos pacíficos en los foros internacionales, hemos seguido una estrategia colaborativa o sólo argumentativa.

La famosa estrategia de negociación ganar-ganar o colaborativa no parece ser una manera adecuada para recuperar las islas. Habiendo sido útil la misma en algunos aspectos: hemos demostrado ante el mundo “que tenemos razón”, no ha conseguido resultados para sacarnos del statu quo posguerra. Es decir, tener razón, no siempre genera tener  resultados.

Creo que los isleños no sienten y no creen tener ninguna necesidad de sentarse a la mesa negociadora, más aún después del incremento de riquezas que obtuvieron luego de la guerra, la protección militar del reino y de la forma en la que perciben que el estado argentino administra los  recursos de sus provincias. Quienes los representan, el gobierno británico, “usando” el principio de  autodeterminación de los isleños, tampoco muestran interés en sentarse a la mesa. Podemos preguntarnos si lo hacen realmente basados en este argumento, u ocultan un interés en los recursos naturales de las islas o en el posicionamiento antártico.

En el camino, de nuestro lado: actos de gobierno, conmemoraciones y miles de conversaciones ponen día tras día las palabras “las Malvinas son Argentinas” en el ideario y sentir de los niños y adultos argentinos.

Entonces, ¿Qué hago cuando la otra parte no quiere negociar? Para que exista una mesa negociadora, las partes deben verse mutuamente como proveedoras o posibles proveedores, al menos, de los intereses de la contraparte, es decir, verse como partes interdependientes.

Aparentemente los isleños y británicos no nos ven como proveedores. Allí la oportunidad.
¿Si ya no buscamos una estrategia colaborativa de solo argumentar o la competitiva extrema de la guerra, qué nos queda? Desde una perspectiva de la negociación ontológica o subjetiva, desde la cual me gusta observar los conflictos, considero que una estrategia coopetir a largo plazo, puede colocarnos como proveedores con poder en la mesa. Eso sí, para realizar estrategias diferentes y de largo plazo, deberemos hacer algunos aprendizajes.

¿Qué es la estrategia coopetir? Es una forma de negociar que integra de forma inteligente, dos tácticas que parecen contrapuestas: colaborar (comprender y satisfacer con los intereses del otro) y competir (confrontar para capturar los intereses propios). En ocasiones para convertirme en proveedor del otro voy a tener que confrontarlo, hacer “que se dé cuenta” de ello, restringiéndole los intereses que le resuelvo, pero que no me reconoce.

Es posible que la táctica de colaborar no requiera mayores explicaciones, la que suele parecer un contrasentido en los conflictos: competir o confrontar con el otro es a mí entender “la llave” de esta mesa negociadora.

Confrontar es justamente la táctica que más a mano tiene el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Pienso que confrontar (o competir en términos negociadores) pueden ser la mejor forma de iniciar un proceso de recuperación de las islas en el mediano plazo en la medida que dicha táctica se haga como parte de una estrategia de coopetir y se convierta en una política de estado. Confrontar en ese contexto la convierte en una táctica. Reitero, no sólo confrontativa sino educativa. Que esto se convierta en una política de estado implicará un desafío para una oposición que critica casi cualquier acto confrontativo del gobierno y para las prácticas políticas del kirchnerismo.

A los efectos de acordar terminologías, le propongo distinguir la palabra estrategia como conjunto de tácticas que conducen a un fin.

La confrontación suele generar contextos empobrecidos de  negociación, hasta el actual se podría empeorar, pero si la estrategia no es confrontar, sino coopetir, entonces el tacto con la que se realiza la táctica de confrontar, dice en su voz de fondo:
“voy a confrontar contigo hasta que estés dispuesto a colaborar conmigo y lo hagas”. Es decir, la estrategia coopetir, en su parte confrontacional o agonal, buscará en este caso que la otra parte “se dé cuenta” de la interdependencia y que ello genere el contexto para sentarse a colaborar. Esta estrategia requiere como muestra la teoría del juego y muchas veces la vida real, que las partes vayan y vuelvan, varias veces, para alcanzar el aprendizaje de quienes se entienden interdependientes.
En algún grado este juego, no como estrategia de estado, sino como consecuencia de la decisión de los actores coyunturales, ha venido ocurriendo entre las partes: 1982, guerra (confrontación en su versión extrema), en 1995 la declaración británica-argentina de cooperación en materia de hidrocarburos y en los últimos años la decisión británica unilateral de brindar licencias en torno a los recursos de las islas.

Más allá de la no validez jurídica del principio de autodeterminación de “un pueblo implantado hace 150 años”, la argumentación jurídica no nos ha aportado soluciones hasta aquí. Pero desde una perspectiva de negociación podemos girar las preguntas: ¿podríamos usar el argumento de la autodeterminación a favor de nuestro interés? ¿Por qué usarían su autodeterminación los isleños para pedirle al gobierno inglés que negocie con el argentino? al gobierno inglés que negocie con el argentino? 

Porque el gobierno argentino ha generado las condiciones para que los isleños nos necesiten imperiosamente. Cada mes, semana y día, más y más. ¿Cómo llegaríamos a esto? Con preparación.
Imagine el lector que por un momento se traslada al Ministerio de Relaciones Exteriores, y la imagen le muestra al equipo del ministro Timmerman mostrando una presentación completa del mapa de los intereses de los isleños, en los cuales tienen actual, potencial o por medio de otros una dependencia con Argentina o con el continente (su proveedor). Y luego, basados en el mapa anterior, un segundo equipo enseña un plan de confrontación de varias etapas: primero, para mostrarles a los isleños que somos sus proveedores. Luego, sobre cómo los presionaríamos (acotándolos, restringiéndolos o negándoles los mismos).

Sin contar aún con el mapa, me animo a dividir los intereses de los isleños en necesidades de corto (necesidades domesticas actuales) y mediano plazo (posibilidades futuras). Por ejemplo: inventario de todo tipo de mercancías y productos que llegan por vía marítima desde puertos argentinos o del continente a las islas (contamos con la activa Secretaría de Comercio como el mejor instrumento para dichas tareas restrictivas, y a los ojos de miles de argentinos que viven o trabajan en los puertos nuestros y vecinos), control del espacio aéreo y de cualquier otro espacio de intercambio. Cada uno de estos espacios puede ir llevándose desde el control, restricciones parciales hasta la prohibición (por ejemplo restricción, en un primer periodo, a un vuelo por quincena desde Chile -ahora es semanal-). Creo que lo mejor es archivar el proyecto Aerolíneas (3 vuelos por semana) para la siguiente etapa colaborativa.

Para esta estrategia de convertirnos en proveedores, es clave el aporte y la relación con el Gobierno chileno. ¿Las necesidades de la gestión Piñera pueden encontrar algún consuelo de este lado de la cordillera más allá de las diferentes ideologías?

Este proceso buscaría llevar a los isleños a realizar un aprendizaje: los 40 millones de Argentinos deseamos recuperar las islas e ignorar ese deseo tendría un costo insoportable, que ellos podrían evitar. Atención, el  propósito no es ahogar, sino enseñar y esto requiere una ardua preparación y conocimiento de los isleños. ¿Y nosotros tenemos que aprender algo en el proceso? Pienso que lo primero que tenemos que hacer es revisar lo que entendemos por “recuperar las islas”. En las relaciones  internacionales, veo dos grandes opciones fuera de la violencia: sostener el statu quo o crear esquemas nuevos que las partes estén dispuestas a aceptar. ¿Cuáles son estos esquemas? Los condominios (ver los casos de las Islas Canton o las islas New Hebrides) o las devoluciones a futuro (como Hong Kong).

¿Cuándo dará frutos este competencia-instructiva? Si aprendemos a tener el pulso adecuado entre tensión-confrontativa y educación, para la necesidad de colaboración y si todos mostramos que esta será “nuestra política” con las islas hasta que se respeten nuestras necesidades, pienso que los isleños encontrarán en la actual presidente la mejor salida: la salida rápida. Así nuestra presidente podrá viajar a las islas a firmar el acta acuerdo del condomio y/o de traspaso de las islas, al final de este mandato o esperar que la estrategia de sus frutos en las siguientes presidencias. Una posibilidad que al comienzo más por espanto que por amor, unirá a los actuales isleños con nuestra presidenta y en las próximas generaciones a la Argentina por amor, frutos de la intensa colaboración generada. Así es la negociación coopetir: amor y tensión en un constructivo  quilibrio. ¿Será esta una vía efectiva en relación al statu quo negociador que nos trajo solo ir a reclamar en la ONU?

PROPUESTAS

1.- Elegir la estrategia coopetir (Gobierno). Que no es sólo confrontar.
2.- Acordarla como una política de estado (tiene muchos aspectos la importancia de esto, por citar solo uno: imaginen que duranteel proceso coopetitivo es posible que los isleños prohíban el ingreso a familiares al cementerio de Darwin).
3.- Elaborar el complejo mapa de intereses de los isleños (actual y potencial).
4.- Confrontar-Inteligentemente. Confrontar con su dependencia hacia nosotros (con creatividad y apoyo de las naciones latinoamericanas). Explicar sistemáticamente su para qué y la posible salida (educar).
5.- Sugerir / Mostrar lo que podría ser el espacio colaborativo.
6.- Volver y repetir desde 3.-
7.- Todo esto hasta que los isleños usen su autodeterminación para "integrarse en algún grado" a Argentina.


Autor: Ignacio Bossi, profesor de Negociación Ontológica, UCEMA.

Fuente: Revista UCEMA, Agosto 2012

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