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16/10/14

Una tesis sobre las tesis

Una tesis es, según el diccionario: (a) una proposición razonada, (b) una opinión, (c) una teoría, o (d) un trabajo presentado a una universidad por el aspirante a un doctorado. Una proposición razonada es una serie lógicamente concatenada de palabras de la cual se puede afirmar que es verdadera o que es falsa. Una opinión es una apreciación, con frecuencia débil y no del todo justificada, sobre algo; podría ser el sentido de la primera ‘tesis’ del título. Una teoría es la respuesta a un porqué. Una tesis doctoral es el resultado escrito de una investigación destinada a cumplir con los requisitos para obtener el título de doctor y suele incorporar una teoría; es el sentido de la segunda ‘tesis’ del título.
Las tesis doctorales son de diversos tipos. En administración, economía y finanzas es frecuente que sean cuantitativas y utilicen herramientas de la econometría; con información de bases de datos preexistentes, o bien con datos recogidos en  encuestas, el investigador realiza inferencias estadísticas y saca conclusiones aplicables a una población bien definida. Pero no siempre es así. Las tesis pueden también girar alrededor de experimentos, en los cuales el  investigador controla algunas variables y examina los resultados; o tener carácter histórico, cuando el  investigador examina sus fuentes para estudiar el cómo o el porqué de un fenómeno del ayer sobre el cual no tiene control; o pueden estudiar archivos antiguos o modernos; o investigar un caso, donde el estudioso contempla un fenómeno contemporáneo sobre el cual tampoco tiene control.

Ideas nuevas

Toda tesis doctoral debe contener al menos una idea nueva. ¿De dónde la obtenemos? De diversas fuentes. La recopilación bibliográfica puede servir como disparador de nuevas ideas.
Las entrevistas son un proceso de desarrollo continuo de ideas; y la teoría es el resultado de una combinación del estudio de otros trabajos, la recolección de datos, conversaciones y hechos azarosos. Con frecuencia una nueva teoría nace de aplicar en un campo perspectivas provenientes de otros,
para alterar las metáforas y gestalts y desafiar los supuestos de las teorías existentes. Para Henry Mintzberg la teoría parece ser un continuo que va desde las listas o categorías, a las tipologías o listas comprensivas, a impresiones de relaciones entre factores, a causalidades entre estas relaciones y patrones vinculantes, para llegar a modelos totalmente explicativos, que tejen entre sí a todos los factores considerados. La buena teoría parece ser, además, inesperada: sorprende, cambia nuestra percepción.
El tema de la sorpresa no es nuevo. Charles S. Peirce habló de la lógica de la sorpresa, que es el origen de muchas investigaciones. La sorpresa se produce al encontrarse el estudioso con una regularidad inesperada, no predecible. Su espíritu se rebela contra la falta de lógica e inicia el proceso de  investigación para cerrar la brecha entre lo observado y lo inicialmente anticipado
Propongo una serie de recomendaciones, sobre la base de mi experiencia, para facilitar la creación de teorías en la administración de  empresas y las ciencias sociales, en general.
• Visite el campo de su investigación, observe el comportamiento de la gente, y las soluciones que dan a sus problemas. Charles Lindblom destaca que “de todo nuestro conocimiento del mundo social, la mayoría parece haber sido producto de indagación no profesional. Una situación típica en la ciencia social es que la investigación profesional sólo modestamente eleva la validez de una proposición no profesional, calificándola”.
• Lea todo lo que llegue a sus manos, aunque esté lejos de su especialidad, para buscar un cambio de gestalt hasta que sienta que se satura.
• Dese tiempo, deje espacio a su mente para pensar, pero póngase límites temporales: una módica dosis de estrés agiliza el pensamiento.
• Escriba mucho. Escribir es pensar, investigar es escribir.
• No se amilane ante el desorden de sus ideas iniciales. Si teorizar es establecer conexiones, en algún momento las cosas debieron estar desconectadas.
• Trabaje en equipo. Vivimos en una era de "equipos geniales". Converse con sus colegas sobre sus estudios.
• Lea trabajos sobre la creación de teorías.

La validación

Con frecuencia, la idea nueva es una teoría, cuya validez debe probarse. La validez de un estudio es la cualidad que lo hace creíble y da testimonio del rigor con que se realizó. La validez implica la relevancia del estudio con respecto a sus objetivos, así como la coherencia lógica entre sus componentes.
El rigor matemático es un clásico ejemplo de cómo obtener verdades definitivas y generales, incorporadas en axiomas, definiciones, lemas, teoremas y demostraciones sistemáticas: es el non plus ultra de la validación. Pero viene bien considerar la evolución del rigor matemático en la historia. Si bien Euclides buscaba el rigor por medio de sus axiomas y deducciones  sistemáticas, el tratamiento de la matemática a lo largo de los siglos no siempre fue tan riguroso. Por el contrario, al nacer el cálculo y la geometría analítica, el ideal griego del rigor matemático se convirtió en una barrera para los genios más creativos de la época, que se inclinaron más hacia la intuición y la aplicación de los nuevos métodos. Pero desde los primeros años del siglo XIX los matemáticos comenzaron a preocuparse por la seguridad y claridad de los resultados. Un ejemplo de esta preocupación son los trabajos de Gauss, Cauchy y Weierstrass.

Una perspectiva heterodoxa de la validación

Karl E. Weick sostiene que las restricciones impuestas por los procesos de validación producen a menudo teorías triviales. En su opinión, estas restricciones debilitan el proceso de creación de teorías, al restringir el papel que pueden jugar la imaginación, la representación, los procesos evolutivos de selección artificial y el pensamiento especulativo. La calidad de una teoría es función de la precisión y grado de detalle de la definición del problema que dispara la construcción de la teoría, del número e  independencia de las conjeturas que intentan resolver el problema y del número y diversidad de los criterios de selección empleados para verificar las conjeturas.

Según Karl E. Weick "la contribución de la ciencia social no está en el conocimiento validado, sino más bien en la sugerencia de relaciones y conexiones que acen cambiar a las acciones y las perspectivas".

Los esfuerzos invertidos en someter las teorías a la validación durante todo el proceso de creación son improductivos en tanto no ayuden a mejorar la calidad de la teoría.
Escribe Weick que “la contribución de la ciencia social no está en el conocimiento validado, sino más bien en la sugerencia de relaciones y conexiones que hacen cambiar a las acciones y las perspectivas”. La plausibilidad debe ocupar el lugar de las pruebas de validez recomendadas normalmente. Es necesario que el investigador genere numerosas conjeturas teóricas y que seleccione las conjeturas plausibles. ¿Cómo se realiza esta selección? El juicio del investigador debe tomar el lugar hasta ahora asignado a las pruebas de validación. Este juicio se manifiesta en expresiones del tipo “¡eso es interesante!”,
“¡eso es absurdo!”, “¡eso es irrelevante!”, o “¡eso es obvio!”. Estos juicios no son arbitrarios, pues se basan en comparaciones con toda la historia previa de experiencias del investigador.

Ideas muy validadas e ideas poco validadas

Existen, como vemos, formas más estructuradas y formas menos estructuradas de validar las ideas y teorías. En años recientes se está revalorizando el valor de las ideas menos estructuradas o no comprobadas. Hace pocas semanas, el argentino Juan Maldacena, investigador del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, fue distinguido, junto a otros destacados científicos como Edward Witten, con el premio Milner, un reconocimiento (dotado de tres millones de dólares) por sus trabajos en el campo de la física fundamental. Estos trabajos aún no han sido corroborados experimentalmente, y no sabemos si algún día lo serán. Pero es precisamente esa falta de corroboración una de las condiciones establecidas por la fundación que otorga el premio para elegir a los ganadores, pues se estimula así la creación de nuevas hipótesis e ideas.
El criterio de selección de esta distinción va a contramano del criterio de los premios convencionales, que sólo consideran resultados fehacientemente comprobados por la comunidad científica. Valga como recuerdo que el premio Nobel otorgado a Albert Einstein en 1921 no lo fue por su teoría de la relatividad, sino por su teoría del efecto fotoeléctrico y otras  contribuciones menos sustantivas, porque no había entonces una corroboración de la relatividad aceptada por todos.

Mi tesis

De modo análogo al criterio de otorgamiento de los premios científicos, no es fácil que se acepte como tesis doctoral una idea revolucionaria que no esté sólidamente validada. Leí alguna vez que al mismísimo Einstein le rechazaron como tesis su teoría de la relatividad especial por weird (rara, extraña, misteriosa). No propongo que las tesis revolucionarias no validadas clásicamente sean aceptadas como tesis doctorales, valoro la disciplina y el rigor académico incorporado en una tesis doctoral aprobada por una institución seria.
Sin embargo, creo que se podría buscar un camino intermedio por el cual algún aspecto de una idea revolucionaria fuera validado formalmente y se aceptara como tesis doctoral, dejando el resto de la idea, sus partes menos validadas y más “sospechosas”, para trabajarlas en el futuro, pero como parte de la tesis. Se podría sugerir que las partes sospechosas no se incluyeran en la tesis pero, con frecuencia, el omitirlas privaría al trabajo de su belleza y originalidad: lo tornaría trivial. Pienso sinceramente que este camino intermedio contribuiría a entrenar a jóvenes científicos en las armas de la investigación académica y, por sobre todo, a promover la creatividad en la ciencia.


Autor: Enrique Yacuzzi, profesor de la UCEMA.
Fuente: Revista UCEMA, Noviembre 2011
Nota: En http://ideas.repec.org/p/cem/doctra/296.html se indican las referencias principales de este artículo.

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