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13/11/14

¿Qué Enseñar y Aprender en un Mundo tan Cambiante?

Los alumnos que toman los cursos que estoy dictando en 2010 vivirán en promedio 60 años más, lo que quiere decir que formarán parte de la fuerza laboral durante el próximo medio siglo. “Díganme que creen que estarán haciendo en 2057, así les explico algo que les puede servir”, planteo en cada clase inaugural. Tal como era de esperar, silencio absoluto, porque nadie tiene la menor idea qué va a estar haciendo en 2057. Al final de estas líneas les cuento cómo sigue la clase.

Miles de argentinos, durante varias décadas, tomaron cursos de perforverificación. Se entrenaban para alimentar a las computadoras cuando a estas la información les ingresaba vía tarjetas perforadas. No más. Consiguientemente, los referidos estudios “oxidaron” en la cabeza de quienes lo tomaron, a raíz del cambio tecnológico.

Algo parecido ocurrió con aquellos que se entrenaron para hacer cálculos mentales cuando aparecieron las calculadoras, y con quienes estudiaron dibujo para trabajar en estudios de arquitectura, resultando que ahora se proyecta utilizando computadoras. Las Academias Pitman, tan conocidas como las principales marcas de gaseosas hasta las década de 1980, se fundieron durante la década de 1990 porque no sobrevivieron al reemplazo de la máquina de escribir por la PC.
La respuesta al interrogante planteado en el titulo de estas líneas es clara: la enseñanza universitaria debe concentrarse en los primeros principios, más que en la técnica. Porque ésta se oxida, no así aquellos.

Seguro que a mediados del siglo XXI el principio de la palanca será un principio importante en los cursos de física, sólo Dios sabe cuáles serán las aplicaciones relevantes de 40 años. Seguro que a mediados del siglo XXI cada uno estará atento a la aparición de nuevos competidores, sólo Dios sabe si seguiremos hablando de China o de algún otro país.

Concentrarse en los primeros principios (en la teoría, si se prefiere) no quiere decir que las clases tienen que ser aburridas o áridas. Quiere decir que el ejemplo y la técnica deben estar al servicio de iluminar el principio. A los ojos entrenados, los principios “caminan por la calle todos los días”; la tarea del profesor consiste en ayudar a los alumnos a descubrirlos.

Vuelvo a mi clase inicial. Como dije, cuando les pregunto a mis alumnos qué creen que van a estar haciendo en 2057, nadie contesta. Entonces respondo yo, “¿Saben que van a estar haciendo en 2057? Resolviendo problemas, porque si de algo nos sirve la lectura de la historia (y por favor lean la historia, porque como bien dijo el economista argentino Héctor Luis Diéguez, no leer historia es como ingresar al teatro en la segunda mitad del tercer acto, no entendés nada), es que siempre hubo problemas y por consiguiente debemos tomar decisiones en base a que también en 2057 los habrá”.

¿Qué problemas habrá en 2057? Nadie lo sabe. Aquí está la importancia de focalizar la enseñanza en los primeros principios, Si entreno a mis alumnos en solucionar determinados problemas, cuando éstos desaparezcan quedarán desocupados, como los expertos en perfoverificación.

Por eso debemos entrenar a los alumnos en solucionar problemas, para que sepan qué hacer frente a los que tengan que enfrentar en 2057. Esto implica “meterles en la sangre” la siguiente secuencia: 1) los hechos, 2) ¿Son un problema y para quiénes lo son? 3) ¿Qué causa los hechos que calificamos como problemas? 4) ¿Qué se puede hacer al respecto? Luego de lo cual se plantea la toma de decisiones.

Primero los hechos, siempre primero los hechos. Es increíble la cantidad de debates que continúan hasta el infinito porque previamente no se aclara que es lo que se está debatiendo. En un país tan pasional y amante de las teorías conspirativas como el nuestro el profesor debe usar mucho tiempo  en forzar a que el alumno, antes de calificar, describa lo que se quiere discutir.

Porque el día tiene 24 horas y las energías también son limitadas, hay que ocuparse de los hechos que son calificador como problemas, y como problemas que nos conciernen (un choque de trenes en la India es un problema, pero difícilmente sea nuestro problema).

Calificado el hecho como problema, para poder modificar la realidad debemos primero identificar qué lo causa. Es, con frecuencia, la parte más complicada de la labor profesional, porque los mismos efectos pueden deberse a múltiples causas (la palabra CASO genera el siguiente conjunto de letras: C-A-S-O, pero este conjunto de letras genera varias palabras, además de CASO).

Una vez que sabemos a qué se debe esa porción de la realidad que calificamos como problemas, estamos en condiciones de ver qué se puede hacer. Esto no significa que todos los problemas tengan solución (el de la muerte, por ejemplo, no parece tenerla), pero prepara al alumno de la mejor manera posible para determinar el “óptimo”, como los economistas designamos a “lo mejor de lo posible”.

Se me fue la mano hablando mal de la técnica. Esta es esencial  para que el alumno se entrene en el plano herramental (es difícil ser economista sin trazar un gráfico de oferta y demanda con los ojos cerrados), pero al tiempo que enloquecemos para que la técnica se les meta en la sangre, debemos mostrarles cómo poder superarla y ver más allá.


Autor: Juan Carlos de Pablo, M.A. Harvard University; Doctor Honoris Causa, UCEMA. Profesor de Política Económica Argentina.
Fuente: Revista UCEMA, Agosto 2012 

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