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8/1/15

La #mina, el #rugby, el #crucero y el sentido de la #vida

El ser humano es un potencial inacabable de recursos psico-físicos que no pueden ser fácilmente detectados en las circunstancias normales de la vida habitual. Sin embargo, en su búsqueda constante de felicidad, el ser humano tropieza con terribles eventos que lo ponen a prueba haciéndolo penar. Es en estas ocasiones cuando los extraordinarios recursos de que dispone se hacen visibles.

En un texto de 1929-1930, cuyo nombre es El Malestar en la Cultura, Freud distingue tres fuentes principales para el penar de los seres humanos, a saber: la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad del propio cuerpo y la insuficiencia de normas que regulen los vínculos entre los hombres.

El recientemente acaecido derrumbe de una mina en Copiapó – Chile –, la caída de un avión que transportaba a un equipo de rugby en la Cordillera de los Andes, acaecida en 1972, así como también el hundimiento del Crucero General Belgrano, en circunstancias de la Guerra de Malvinas, en 1982, enfrentaron a distintos grupos de seres humanos a esa hiperpotencia de la naturaleza que Freud mencionaba. Por otro lado, la experiencia de los campos de concentración del régimen de la Alemania nazi de Hitler también significó – de alguna manera -  para quienes allí padecieron enfrentarse a otra de las fuentes de penar: la insuficiencia de las normas que regularan los vínculos entre los hombres.

Estas experiencias extremas tienen algunas similitudes y también algunas diferencias. Los grupos humanos que atravesaron y atraviesan (El caso de la mina de Copiapó – Chile, al momento de escribirse este artículo aún no está resuelto) dichas experiencias son bastante diferentes entre sí.


Mientras que los mineros pertenecen a estratos sociales bajos de la sociedad chilena y tienen en promedio un bajo nivel de instrucción, los rugbiers uruguayos eran de los estratos sociales medio-altos, bien instruidos, en general acorde a su edad, con estudios universitarios en curso la mayoría de ellos y formados en el deporte casi todos. Por su lado los soldados que participaron de la Guerra de Malvinas conformaban un grupo heterogéneo que incluía desde militares de carrera hasta conscriptos que representaban una buena parte de la población al momento del hundimiento e inclusive dos civiles, todos los cuales poseían tanto diferente pertenencia social como diferente educación formal. Los campos de concentración, sabido es, reunieron entre sus alambrados gente de muy diversa condición entre estrato social e instrucción, aunados sólo por su condición de judíos.

Los retos enfrentados por las personas en estas vivencias extremas también son absolutamente diferentes. Mientras que los mineros atrapados bajo tierra no tienen absolutamente ninguna posibilidad de salir por sus propios medios de donde se encuentran y sufren condiciones de calor y humedad extrema, están vedados de la luz natural y del sol y sufren un encierro angustiante, los rugbiers en la Cordillera estaban a cielo abierto, rodeados de hielo y frío de 30ºC a 40ºC bajo cero con posibilidades de deambular por donde la naturaleza y su ingenio les permitiera y a merced del rayo del sol y de los vientos de la alta montaña. Los marinos en cambio, habituados al abrigo y la buena alimentación que la Armada les proveía, sufrieron después del torpedazo que hirió de muerte el crucero que los albergaba, las inclemencias de un océano que elevaba olas de diez metros de altura empujadas por vientos tan fríos como implacables. Arrojados luego por sus propios medios a las balsas salvavidas debieron esperar el rescate de barcos amigos que enterados del desastre los fueron a buscar. Los internados en campo de concentración en cambio sufrieron el hambre y el frío atroz impuesto por sus carceleros, las enfermedades que la situación misma les provocó y el maltrato y el castigo constante además de la negación de su condición de seres humanos y su despersonalización, todas circunstancias de la que sólo pudieron librarse merced a la caída propia del régimen y a la liberación que trajeron las tropas aliadas.

Distintos protagonistas, distintos escenarios y distintas dificultades a vencer y sin embargo todos estos grupos humanos muestran similitudes de recursos en cuanto a qué los ayudó y los ayuda a sobrevivir en estas condiciones por demás adversas. En los tres primeros grupos, se mencionan elementos comunes que surgieron naturalmente en las proto-sociedades que en la soledad y en el aislamiento se han conformado, a saber la comunicación, el trabajo en equipo, el sentido de pertenencia, la distribución de roles y un objetivo común…salvarse.

En el caso de los campos de concentración, en cambio, los mismos elementos se mencionan como aquellos que, por su ausencia, más han hecho para destruir la fortaleza y la moral de aquellos encerrados, más aún que los golpes, la hambruna y las enfermedades a la que a la larga se acostumbraban.

Como grupo, entonces, la comunicación, el trabajo en equipo, el sentido de pertenencia, la distribución de roles, el objetivo común…todo aquello que desde la dirección de recursos humanos de las empresas modernas se promueve y se pretende para el éxito en los negocios.

A nivel personal, los testimonios de los rugbiers, los de los mineros aún atrapados, los estudios de Víctor Frankl en los campos de concentración y los dichos del comandante Héctor Bonzo (A cargo del crucero en el momento de su hundimiento)  referidos a los marinos a su cargo y a él mismo, refieren que la motivación de las personas a salir adelante ante tamaños desafíos ha tenido y tiene que ver con una meta que merezca la pena, una meta trascendental, un sentido de la vida, sentido de la vida que según el mismo Frankl difiere de una persona a otra, de un día al otro y de una hora a otra. Así para algún minero su sentido de la vida pasa hoy por conocer a su hija recién nacida, para Víctor Frankl - preso él mismo en un campo de concentración – lo fue el salir para escribir un libro, para el Comandante Bonzo, su sentido de la vida pasaba por defender a la patria y para alguno de los rugbiers la meta que merecía la pena era sencillamente vivir la vida que le restaba.

Para tener en cuenta a la hora de motivar a nuestro Capital Humano, ¿no?   



Autor: Dra. Cristina Beatriz Minolli

Fuente / Bibliografía consultada- Bonzo, Héctor E. “1093 tripulantes del Crucero ARA General Belgrano”, Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 2004
- Frankl, Víctor E. “El Hombre en busca de Sentido”, Herder, Barcelona, 2001
- Freud, Sigmund “El Malestar en la Cultura”,
- Leach, John “Survival Psychology” MacMillan, Great Britain, 1994
- Primo Levi “Trilogía de Auswitchz”, El Aleph Editorial, Barcelona, 2010
- Strauch, Eduardo, Conferencia UCEMA, Septiembre de 2004.

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