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2/1/17

Mónica Quevedo - 5 consejos que he aprendido

Mónica Quevedo, CIO de excelente trayectoria corporativa y académica, comparte con CXO Community su experiencia profesional a la nueva generación de CIOs:

1. Pensar antes de hacer

Tomar el tiempo para analizar una situación, identificar escenarios, establecer los límites de lo posible, evaluar,… es clave para elegir el camino más adecuado. Tener escenarios alternativos da grados de libertad en medio de la marcha, para mantenerse al comando de la situación y no ser llevado por las circunstancias. Si los tiempos son muy cortos y el desafío muy grande, se puede invertir la mitad del tiempo disponible en diseñar un plan “a prueba de balas” y la otra mitad, para ejecutar. El tiempo de pensar también ayuda a construir el equipo y las alianzas necesarias para salir luego al campo de batalla. Cuando esto se logra, las experiencias en el aspecto humano son fascinantes.

2. De nada sirven las buenas ideas si no se tiene la mejor gente para llevarlas adelante

Se pueden tener las condiciones de contexto apropiadas, un buen líder, una estrategia clara, pero sin la mejor gente, los resultados serán mediocres. Invertir en conseguir los mejores talentos para armar el propio equipo es la base para sentirse en condiciones de encarar casi cualquier situación y de llevar a cabo planes ambiciosos. Tan indispensable como el talento son los valores comunes. Un equipo con valores positivos, crea un círculo virtuoso.

3. Comunicar es tan importante como lograr

Los que trabajamos en IT difícilmente ponemos la atención suficiente en comunicar nuestros logros en las diferentes direcciones: hacia arriba para construir la idea de valor que puede aportar nuestra área al negocio, hacia los costados y abajo, para motivar, fortalecer alianzas, crear un sentimiento común de capacidad de ejecución. Acumular objetivos cumplidos sin darle el espacio a “saborearlos” nos auto limita.

4. Entender lo que se quiere de uno es clave para poder brindar lo mejor

Cuando uno se suma a una organización, no se trata solamente de tener la capacidad para hacer la propia tarea, ni de la trayectoria, ni de los logros pasados. Cada vez, es un comienzo. Entender rápidamente lo que se espera, las reglas de juego, identificar en qué medida uno puede adaptarse y hablar abiertamente de las propias expectativas y de lo que se cree que se puede aportar en forma diferencial, permite acordar el marco de trabajo en donde desarrollarse y dar lo mejor de si.

5. El trabajo no termina allí

En nuestra tarea cotidiana ponemos en juego habilidades, conocimientos, emociones, valores. A través de los años, lo que nos queda es más que el progreso en la carrera, es el haber hecho lo correcto en cada ocasión, hacer las cosas bien, hace bien a uno mismo y a los demás.


Autor: Mónica Quevedo

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